El sistema familiar en la terapia

El sistema familiar en la terapia
enero 20, 2021
Joan Serrat

En la mayoría de las intervenciones terapéuticas que realizo, una vez que la persona que viene a consulta me explica qué es lo que le trae y acordamos un objetivo, lo primero que hacemos para empezar es ver cómo es su “sistema familiar”. La imagen que encabeza esta publicación es un ejemplo de cómo lo hago. Si te sorprende sigue leyendo.

Sobre la familia

Nacemos en el seno de una familia que nos da la vida y una herencia que va más allá de lo genético. Un ejemplo bastante frecuente es el de la persona que siente una baja autoestima y cuando se le pregunta “¿desde cuándo?” la respuesta es … “desde siempre”. Explorando en los orígenes de ese sentimiento pueden aparecer respuestas del tipo: “no fui un hijo buscado” o “mi madre no era una persona afectuosa y no me sentí querida”. Otras respuestas similares esconden una primera herida que arrastramos durante años.

Supongamos que hemos “nacido bien” y en un entorno acogedor, sin carencias significativas. Durante nuestros primeros años de vida nuestros padres nos transmiten sus valores y creencias que a su vez conformarán nuestra forma de ver la vida. Esa es nuestra primera “programación” y el aprendizaje emocional es una parte muy importante de ella. Si, por ejemplo, de niños se nos impedía expresar la rabia porque “en esta casa no se grita”, es muy probable que ahora como adultos tengamos dificultades con el manejo de esta emoción. Quizás por ello, ahora no sepamos cómo poner límites a los otros de una forma asertiva.

En todo esto que explico debo hacer una aclaración importante. Lo que recibimos de nuestros padres es muy posible que provenga de los suyos e incluso de más atrás. Por ejemplo, quizás transmito a mi hijo “la cultura del esfuerzo”, mostrándome exigente, crítico y severo, porque es lo que se me ha “enseñado” y no me he rebelado ante ello. Entonces, debo tomar conciencia de que muy posiblemente mi padre, a su vez, ya lo recibió del suyo y éste –mi abuelo- de alguno de sus padres. Así se forman cadenas de transmisión de creencias verdaderamente transgeneracionales. De esta manera, finalmente podemos ser “víctimas” en nuestra neurosis de algún ancestro que ni tan siquiera conocemos.

Es en este sentido que hablamos de “sistema familiar”, que es más que familia. Está formado por el núcleo más cercano de padres y hermanos y se remonta hacia atrás, abuelos maternos y paternos, tíos, bisabuelos … Cuando formamos familia “propia”, nuestro sistema y el de nuestra pareja se mezclan y nuestros hijos continúan la estirpe integrando ambos sistemas.

Toda esta información se recoge durante una primera sesión en formato 2D sobre papel, escribiendo o dibujando el genograma o el árbol genealógico. Habitualmente hay muchas cosas que desconocemos y el trabajo de recabar datos puede ser muy estimulante y terapéutico por sí mismo. Lamentablemente, en algunos casos, la persona que viene a consulta, por edad o por otros motivos, no tiene la posibilidad de acceder a las fuentes de información. Entonces la tarea se complica y debemos recurrir a “la magia”. Por este motivo me permito darte un consejo: cuanto antes preguntes, mejor.

Constelaciones familiares sistémicas

Una de las herramientas que aprendí hace ya unos años y utilizo en algunos casos son las constelaciones familiares sistémicas que implica dar el paso al 3D. Dentro de mi propio proceso terapéutico empecé también por formarme en Constelaciones Familiares Sistémicas en el Instituto Gestalt de Barcelona. Tuve el privilegio de ser alumno de Joan Garriga, una de las personas que más saben y mejor trabajan este tema.

Como él te lo va explicar mejor que yo, te dejo un video en el que hace un buen resumen y de paso “vende su producto”.


En mi caso el resultado fue muy satisfactorio tanto desde la perspectiva terapéutica personal como la profesional. En este sentido me quedó muy claro que el trabajo con la metodología de las constelaciones familiares aporta un valor fundamental que es disponer de una especie de radiografía del sistema familiar al que pertenecemos. Nos permite tomar conciencia de dónde venimos y, por tanto, de cuál puede ser el origen de una parte de nuestros problemas.

Otra conclusión: participar en una sesión es insuficiente. La herramienta nos permite tomar conciencia de dónde venimos. Abre nuestra mente a una nueva visión de lo que somos y de por qué somos como somos, pero es solo el inicio de un proceso terapéutico que debe continuar con la exploración de otras partes del “problema”, con otras herramientas.

Una advertencia: si haces una búsqueda en la red y eres un firme partidario de “La Ciencia”, muy probablemente lo primero que encontrarás es una acusación por parte de los detractores a su creador – Bert Hellinger –. Se le atribuye el carácter de pseudoterapia porque no encaja en el estricto esquema del paradigma científico. Asimismo, se le ha criticado mucho por su historia personal y, sin duda, es un personaje controvertido, como tantos otros.

Yo soy un heterodoxo vocacional y tomo de cada herramienta lo que puede ser útil, dejando de lado lo que me parece secundario o no pertinente. Creo en aquello que me muestra evidencias empíricas de su utilidad. Este es el caso de las constelaciones que efectivamente parecen “magia” pero “funcionan”.

Constelando con muñecos


Para acabar, otra vuelta de tuerca al tema de la metodología científica: pasar de la representación de un sistema familiar con personas humanas a hacerlo con muñequitos –sí los de playmobil, por ejemplo-. En mi publicación anterior escribía sobre “mis resistencias al cambio”. Una de ellas ha sido durante tiempo el aceptar que unos muñecos puedan utilizarse como herramienta terapéutica.

En este año extraordinario ya finalizado hemos aprendido muchas cosas. En mi caso, una muy importante ha sido el despojarme de prejuicios y poder comprobar desde la experiencia cómo la magia funciona también con los muñequitos. La práctica me está demostrando que pueden obtenerse incluso mejores resultados con este recurso que con el clásico trabajo con un grupo de personas.

Cuando una persona viene a consulta con un problema , “miramos” su dinámica familiar utilizando la herramienta de “los muñequitos”. Así, puede llegar a una comprensión profunda de dónde provienen sus heridas, de cómo ha construido su propio sistema de creencias y de valores que determinan la manera de entender y vivir la vida. En algunos casos descubre “fidelidades” a parientes que desconocía e incluso “secretos” que se han ocultado durante años. Todo ello puesto en escena sobre la mesa como en la imagen inicial de esta publicación que representa un caso real.

Si sientes curiosidad te animo a comprobarlo por la experiencia.

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