Sobre las resistencias al cambio

Resistencias al cambio
enero 13, 2021
Joan Serrat

Posiblemente has oído hablar de las “resistencias al cambio” que se manifiestan en el miedo y rechazo que éste despierta en una buena parte de las personas. En algunos casos esto es debido a “creer” que el cambio no es necesario, o a no sentirnos seguros de qué nos encontraremos con el cambio, abandonando nuestra zona de confort. Con frecuencia sucede que esta zona de confort es muy poco confortable y aun así preferimos seguir instalados en la misma. El refranero popular lo expresa con la frase “más vale malo conocido que bueno por conocer”.

En muchos casos esta resistencia se produce ante situaciones que podemos manejar de forma más o menos aceptable sin que afecten de forma significativa a nuestra salud.

Algunos ejemplos:

 

Ese trabajo en el que sabes que no estás bien, pero que por diferentes motivos no te atreves a dejar. También, como en mi caso actual, cuando tenemos que trabajar de forma diferente a la que estamos acostumbrados. Me ha costado aceptar la terapia online y cuando la he puesto en práctica he comprobado que sí se puede. Es diferente e igualmente eficaz.

 

Ese grupo de personas con el que te relacionas habitualmente a pesar de que no te sientes bien en el mismo y te resistes a dejarlo o abrirte a nuevas posibilidades.

 

Esos hábitos de vida que sabes que ya no te satisfacen, que no te sientan bien, y que cada año por estas fechas tomas como propósito de cambio y … ¡qué pereza!

 

En otros casos nos encontramos ante problemas o situaciones que si atañen directamente a nuestra salud. Con frecuencia vienen de lejos. Es entonces cuando el “más vale conocido…” no tiene sentido.

 

Veamos algunos ejemplos:

 

Ese dolor recurrente que en ocasiones aparece en una zona de tu espalda y al cabo de un tiempo reaparece por otra. Tu médico especialista, después de todas las pruebas diagnósticas y tratamientos farmacológicos, no le encuentra más explicación que la del “origen psicológico” o “estrés”. Si te resistes a reconocerlo y hacer algo para cambiarlo, el dolor se cronificará.

 

Esa relación de pareja que te está causando más dolor que placer, a la que tu familia y amigos ponen la etiqueta de tóxica sin que tu sepas a qué se refieren ni qué hacer con ella. Darte cuenta es lo primero que puedes hacer.

Esa insatisfacción y falta de sentido de tu vida que hace que, después del insomnio nocturno, levantarte por la mañana para hacer frente a tu día a día sea un esfuerzo colosal.

Esa tristeza que te acompaña desde hace tiempo, a la que ya te has acostumbrado. Y las personas que te rodean te dicen que no “es normal” y que “deberías hacer algo”. Podría seguir, pero creo que no es necesario.

 

Todas estas situaciones suelen derivar en un “malestar” que puede tener mayor o menor intensidad y que se manifiesta en forma de “síntomas”. El síntoma “dolor de espalda” se expresa desde el cuerpo y, como en un 80 % de las dolencias “físicas”, tiene un origen “psicógeno”. De hecho, esta diferencia entre lo físico y lo mental es una verdadera trampa que nos hacemos para evitar –ahí está la “resistencia”- darnos cuenta y hacer frente a lo que verdaderamente está sucediendo. Todavía hoy, siglo XXI, no hay problema en reconocer que vamos a visitar a nuestro médico, pero no nos atrevemos a decir en público que tenemos la necesidad de visitar a un psicólogo o terapeuta. ¡Eso es para “locos” y yo no estoy tan mal!

“Como muestra bien vale este botón”

Escribo este post el día después de que se haya hecho público un informe realizado por el ‘Institut de Neuropsiquiatria de l’Hospital del Mar de Barcelona que recoge los resultados de una encuesta realizada sobre una muestra de 9.000 profesionales de la salud de 9 comunidades autónomas. En ella se evalúa el impacto de los primeros meses de la COVID19 sobre la “salud mental” de este colectivo. Os invito a leer el  enlace para tener el detalle de la información.

Los datos son alarmantes: un 45,7% de la población encuestada manifiesta algún tipo de transtorno por estrés agudo. Un 3,5 % muestra “pensamientos suicidas”. Lo más sorprendente es la afirmación del Director de Psiquiatría del Instituto respecto a la escasa respuesta a la oferta de recursos de soporte psicológico a los profesionales afectados. “En lugar de pedir ayuda, lo dejan y el problema se cronifica”.

Si esta es la reacción ante el “sufrimiento” por parte de un colectivo de la población que por su formación podría ser más receptivo y proactivo hacia el “hacer algo al respecto”, cómo será la del conjunto de la población que, de una forma diferente, también está sintiendo las consecuencias de lo que está pasando. Resistencias.

Por último, desde mi experiencia personal, puedo dar testimonio de que en mi vida he tenido también fuertes “resistencias” al cambio. “Darme cuenta” de lo que me estaba sucediendo y “aceptar” que tenía que hacer algo al respecto. Una separación y una intervención quirúrgica grave, fueron la consecuencia del “tapar mis conflictos”, y el inicio de un proceso de toma de conciencia y de cambio personal.

Cuando ahora me encuentro con algún cliente de terapia que, siendo muy joven, decide “coger el toro por los cuernos”, lo felicito especialmente. Procastinar en temas de salud suele tener unas consecuencias graves.

Hasta aquí lo que quería transmitir sobre las resistencias que tenemos para afrontar un problema. En otro momento escribiré sobre las resistencias dentro de un proceso de terapéutico que también haberlas, haylas.

Y tu ¿qué haces con tu malestar o con tu sufrimiento?

Si tienes alguna consulta
no dudes en contactarme

¡Gracias!

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