Sobre el miedo

Sobre el miedo
diciembre 3, 2020
Joan Serrat
Hace unos días hablaba con una persona que me hacía una primera consulta. Me explicaba que se sentía preocupada porque en las últimas noches estaba teniendo unas pesadillas que no eran “normales” en ella. Como resultado de la sesión llegó a la conclusión de que estos sueños terroríficos podían estar expresando una emoción que tenía bien enterrada en su conciencia, el miedo.

Es una mujer que en su vida ha tenido que hacer frente a situaciones muy difíciles y como resultado de ello ha aprendido a mostrarse siempre fuerte y valiente. Ha creado “una parte de sí misma” que para protegerse del dolor no le permite experimentar el miedo y ha desarrollado la creencia de que es un signo de debilidad.

Durante la conversación exploramos su actitud hacia la pandemia. Me explicaba que cuando apareció el virus y el posterior confinamiento se adaptó a la situación sobrellevándola lo mejor posible. No experimentó el miedo a la amenaza de la enfermedad. Como siempre en su vida sacó su fortaleza, restándole importancia. Ahora que su situación económica se ha complicado y ha aparecido en su vida la incertidumbre respecto de su futuro, la emoción que no quiere reconocer se manifiesta durante su sueño. Seguiremos trabajando sobre ello.

Es bastante frecuente pensar que hay una serie de emociones que son “negativas” y que por tanto no “debemos” experimentar. Si aparecen les restamos importancia y en algunos casos, como el de “la mujer valiente”, las negamos y por supuesto que no las compartimos porque no están socialmente “bien vistas”.

En todo este asunto una parte de la explicación está en el “aprendizaje” que realizamos durante nuestra infancia. Hay padres que con su mejor intención educan a sus hijos en la represión de las emociones. “No tengas miedo que no hay para tanto”. “Si vuelves a gritar te quedas sin play durante una semana”. “Los niños no lloran”. Seguro que os suenan estas frases. Y si no son los padres, para eso está la escuela, o la televisión o el cine… A lo largo de nuestro proceso de socialización recibimos muchos inputs en este sentido.

El miedo, la rabia y la tristeza son emociones que con frecuencia consideramos “negativas” y sin embargo cumplen una función en nuestras vidas que debe ser reconocida.

El miedo, por ejemplo, es útil para la supervivencia. Como especie hemos aprendido a reaccionar con miedo ante un peligro que amenaza nuestra integridad. El miedo es una señal de alerta –como la fiebre que nos advierte de una posible infección- y genera una respuesta fisiológica de nuestro organismo que nos “prepara” para la huida. Si nuestra reacción ante el peligro es la lucha, la rabia será la emoción que nos ayude. Existe, por tanto, un miedo “bueno”, adaptativo.

Cuando el “peligro” aparece ante una situación concreta y puntual, el miedo surge como una reacción inmediata y cuando la situación se “resuelve” desaparece. Cuando yo tenía 15 años y empezaba a moverme por la vida sufrí un intento de atraco con navaja en una calle de mi ciudad. Todavía recuerdo cómo me temblaban las piernas. Mi reacción fue la huida. Me di media vuelta y empecé a correr. Posiblemente batí algún record pues al pararme delante a la entrada de un bar, miré hacia atrás y no había rastro del atracador. Salvado. El miedo “bueno” me dio alas.

No siempre es tan fácil. Cuando el miedo aparece ante una situación que “imaginamos” como amenazadora y ésta se prolonga en el tiempo, nuestra reacción fisiológica es la misma. Nuestra mente procesa la amenaza como real y si no podemos “resolverla” la emoción del miedo puede instalarse en nuestra vida con todas sus consecuencias sobre el sistema cuerpo-mente. Este es el miedo “malo”. Es entonces cuando debemos “darnos cuenta”, tomar conciencia y hacer lo necesario para gestionar la emoción. Reconocer lo que es, no negarlo como le sucede a la mujer de mi consulta, programada para ser valiente.

Otro día, más. Ahora copio un texto que cuando lo leí por primera vez me hizo reflexionar sobre todo esto que explico de las emociones. Espero que a alguien más también le inspire como a mí. Es un poema precioso de Rumi , un sabio sufí del siglo XIII.

La casa de los huéspedes

El ser humano es una casa de huéspedes.

Cada mañana un nuevo recién llegado.

Una alegría, una tristeza, una maldad

Cierta conciencia momentánea llega como un visitante inesperado

¡Dales la bienvenida y recíbelos a todos!

Incluso si fueran una muchedumbre de lamentos,

Que vacían tu casa con violencia

Aún así, trata a cada huésped con honor

Puede estar creándote el espacio para un nuevo deleite

Al pensamiento oscuro, a la vergüenza, a la malicia,

Recíbelos en la puerta riendo

E invítalos a entrar

Sé agradecido con quien quiera que venga

Porque cada uno ha sido enviado

Como un guía del más allá.


Para acabar, comparto un corto animado de Nata Metlukh que describe bastante bien la función adaptativa del miedo. Disfrutadlo.

Si tienes alguna consulta
no dudes en contactarme

¡Gracias!

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